ALBERTO URBANO

La pintura de Alberto Urbano está compuesta de un mundo simbólico muy personal, con elementos, estilos y gustos muy variados, dentro del arte del último siglo. Comprender, las circunstancias culturales y sociales que existe, detrás de la creación y la intención de este artista, nos ayudará a valorar el trabajo y su obra.

Cabra, 1974

Alberto Urbano (Cabra 1974) es un artista autodidacta, que vive en Monturque, una pequeña localidad de la provincia de Córdoba. Trabaja en una fábrica de envasado de aceitunas. El escaso tiempo que le queda, lo emplea en su pasión: pintar. Sus primeros recuerdos con un papel y un lápiz se remontan, a la edad de seis o siete años. Para él, la pintura es su refugio. Su estudio, una habitación en la casa de sus padres. En él deja volar su imaginación y todos los sentimientos, que plasma en sus lienzos. Hace un quinquenio y a partir de una profunda crisis personal, se pierde definitivamente, entre los lienzos, con una producción casi compulsiva. Como artista es un homo raris. Su fuente en estos años ha sido comprar de forma esporádica alguna revista de arte que llegaba al quiosco de su pueblo, recortes y artículo de periódicos, o visionado de películas; y en los últimos tiempos navegando por internet. Su biblioteca artística es escasa, el primer libro que compró fue cuando descubrió a Chagall (su artista favorito) y un par de libros que le regalaron unos buenos amigos sobre Picasso y Basquián.

Hasta las pasadas navidades nunca había estado en un museo. En aquellos días, en unas maratonianas jornadas en Málaga, visitó las pinacotecas de: Picasso, Pompidou, y el Ruso de San Petersburgo.
Pero, ¿de dónde sale este universo iconográfico? La mirada artística de Alberto es innata y muy personal. Está en su ADN; cualquier obra de arte, por muy humilde y sencilla que sea, no es fruto de una generación espontánea, sino de una transformación gradual de pensamiento, en constante interacción con sus sentimientos. Como decía Gustavo Moreaú: “Creo solo en lo que no veo y únicamente en lo que siento”.

Urbano recorre las más diversas tendencias artísticas con una soltura que llama la atención. Aunque su mundo se circunscribe a un radio de 30 kilómetros debido a su fobia a viajar. Su estilo iconográfico es una yuxtaposición de todas los “ismos” del siglo XX. En la narrativa de su pintura, aparecen la figura de la mujer, el desamor, el mundo moderno como preocupación, por la deriva social de la Humanidad: contaminación, consumo, individualismo, etc. Son los temas esenciales, en la vida interior de este artista.

Los soportes son lienzos o maderas y utiliza el acrílico en spray. Figuras distorsionadas con pinceladas de ritmo “arremolinado”, que recuerdan el impresionismo simbólico de Munch. Los objetos en su pintura son reconocibles a pesar de poseer cierto grado de abstracción, el estampado sinuoso de líneas curvas y movimientos nos recuerda a Pollok o el “acction painting” de W. De Konning. Algunas similitudes con el primitivismo, y el Picasso analítico, o representaciones de “bodegones atípicos” sin preocuparse de copiar la “realidad fotográfica” del objeto o el paisaje, recordando a los “fovista” y a Van Gogh.

Pasando por el puntillismo de Seurat; o llegando hasta el grafiti de los sesenta.Como dijo W. De Kooning: “Soy un artista ecléctico por propia elección, me basta abrir un libro cualquiera con ilustraciones, para encontrar una imagen que me puede influir”.

algunas de sus obras